“No hay nada tan poético como los nombres de las flores.”
Mayo es el mes de las madres y de las flores. Madre solo hay una, poco que añadir. Pero sobre las flores, sí: cada mayo se abre un mundo de colores nuevo, renovado. Más allá de las alergias, pasear por el campo o por un jardín urbano es estimulante: florecen los lirios, las camelias, las peonías, las hortensias y los geranios, las dalias y los alhelíes, tulipanes y narcisos, margaritas, prímulas, violetas de olor, gitanillas, petunias y amapolas, las bocas de dragón, caléndulas, claveles moros, ranúnculos, anémonas del bosque y la rosa de cuaresma.
No hay nada tan poético como los nombres de las flores. Falta poco para que el olor a dama de noche impregne las largas noches de agosto, cuando las conversaciones se eternizan y el reloj perezoso no te sobresalta al amanecer.
Que tengan un fin de semana del nivel que ameritan.
La sección que prometíamos en el último número arranca con tres firmas. Píldoras breves, recuerdos sueltos, memoria en estado puro. Esperamos las suyas para los próximos viernes.
Estuve en Berlín hace dos semanas. Estimulante, vibrante y sólida ciudad, con trazas de la arquitectura plúmbea prusiana, los restos del neoclasicismo, la monumentalidad ideológica e hiperbólica de la guerra fría y la fría pero eficaz vanguardia arquitectónica de su reconstrucción con acero, cristal y hormigón. Una ciudad que dialoga consigo misma, con su pasado y su futuro. A pocas ciudades les han pasado tantas cosas y tan horribles.
Visité la exposición Topografía del Terror, en el centro de documentación y museístico que está en el lugar donde estuvieron las sedes de la Gestapo, las SS y la Seguridad del Reich, entre 1933 y 1945. Solo la evocación de los horrores que sucedieron en aquella parcela te hiela la sangre. La exposición gráfica y textual termina de helártela. Nada que no supiéramos ya. Pero me vine con tres reflexiones que aún me dan vueltas en la cabeza.
La fortaleza y las dificultades del pueblo alemán para enfrentarse a sus demonios. Tras descubrir, especialmente a partir de los juicios de Núremberg, el nivel de las atrocidades cometidas por los nazis y la realidad del Holocausto, los alemanes empezaron un proceso de exorcización que aún dura. Primero se preguntaron si sus padres habían sido nazis. Después se abrieron en canal. Y aún andan penando, con sus reacciones internacionales condicionadas (véase el tímido papel de Alemania en la barbaridad cometida por Israel en Palestina). No se atreven a alzar la voz. En la exposición, un panel final dividido en dos mitades, un juego de post-its y un lápiz: cada visitante escribe una razón por la que considera que el pueblo alemán fue —o no— corresponsable del genocidio judío. Las dos mitades están casi empatadas. La mayoría de los papeles que eximen al pueblo germano están escritos en alemán. El resto, en distintas lenguas.
Sales de la exposición mareado. Es imposible que no te afecte cada fotografía en nítido blanco y negro. Cualquier persona normal acusa cada barbarie expuesta. Al salir, te preguntas cómo es posible que hoy Alternativa para Alemania (AfD) sea ya el segundo partido, con más de diez millones de votos (el 20% del censo electoral y 152 escaños). No es formalmente un partido nazi (aunque sí de extrema derecha). Pero a todos los efectos es un partido filonazi: emplea el lema nazi de Todo por Alemania, su ideología radica en la idea de la nación construida sobre la etnia y la sangre, considera a los inmigrantes ciudadanos de segunda clase, minimiza los efectos del Holocausto y otros hilos que conducen al mismo sitio. Segunda fuerza alemana, por delante del histórico SPD, los socialdemócratas. Y te haces preguntas.
Hay fotos de los Estados Unidos liberando el campo de concentración de Dachau, que fue el primero en caer. Era abril de 1945. Un año antes los aliados habían desembarcado en Normandía. Las tropas de EE. UU. liberaron a Europa occidental de los nazis, conocido es. Con Roosevelt y Truman, la gran potencia sacó a Europa de la más negra de sus pesadillas. Sales de la exposición y te preguntas cosas. Un contrafactual: si hoy los nazis tuvieran ocupada Europa y Trump fuera presidente de EE. UU., ¿qué ocurriría? Te preguntas y no te gustan las respuestas.
Florida es famosa por sus playas, parques temáticos y su clima soleado todo el año, pero en las últimas dos décadas también se ha convertido en uno de los destinos más interesantes para la cerveza artesanal en Estados Unidos. Desde la Costa del Golfo hasta Miami, las cervecerías floridianas destacan por sabores intensos, ingredientes tropicales y estilos refrescantes que combinan perfectamente con el calor del estado.
El clima de Florida influye directamente en su cultura cervecera. Muchos productores incorporan cítricos, mango, guayaba, coco y maracuyá —ingredientes que abundan en la región—. El resultado son cervezas frescas y vibrantes, ideales para disfrutar junto al mar.
Un referente del movimiento artesanal es Cigar City Brewing. Su famosa Jai Alai IPA ayudó a posicionar a Florida en el mapa cervecero nacional, combinando un perfil lupulado intenso con gran equilibrio y facilidad de consumo.
En Miami, Wynwood Brewing Company aporta creatividad con influencia latina, reflejando la diversidad cultural de la ciudad. Sus cervezas suelen ser atrevidas y llenas de carácter, al igual que el barrio artístico que les da nombre.
En el oeste del estado, Funky Buddha Brewery es conocida por su enfoque innovador. Desde porters con notas de café y maple hasta cervezas de trigo con toques tropicales, han construido una reputación basada en la creatividad sin perder equilibrio.
Por su parte, 7venth Sun Brewery ha ganado seguidores fieles gracias a sus cervezas estilo belga y sus hazy IPAs, muchas de ellas en ediciones limitadas y con propuestas experimentales.
En Florida predominan estilos fáciles de beber: lagers, pilsners, blonde ales y session IPAs son habituales en los menús. Con festivales al aire libre durante casi todo el año, las cervecerías apuestan por cervezas refrescantes que acompañen el clima cálido.
Sin embargo, también hay espacio para la complejidad. Stouts añejadas en barrica, cervezas ácidas y farmhouse ales experimentales están creciendo en popularidad, especialmente en ciudades como Tampa, Orlando y Jacksonville.
Hoy Florida cuenta con cientos de cervecerías artesanales que reflejan la identidad de sus comunidades. Ya sea disfrutando una IPA cítrica frente al Golfo, una sour de maracuyá en Miami o una lager bien fría en Orlando, la cerveza floridiana es sinónimo de sabor, creatividad y estilo de vida bajo el sol.
Pensaba en el célebre —y posiblemente apócrifo— anuncio de Shackleton en The Times buscando a los expedicionarios que lo acompañaran al círculo polar Ártico. Muy dramático, ¿no? Seguro que no tenemos que llegar a tanto para estimular sus colaboraciones.
Si alguien ha enviado alguna pieza y está sin publicar, que me lo recuerde en mi mail por favor: se ha podido quedar perdida en el éter. Disculpas anticipadas.