Thinking Heads · Boletín semanal de tendencias y cultura

Le llamaré
viernes XXIX

Familias, verbenas y la rara experiencia de volverse invisible en un bar
Número XXIX
15 de mayo de 2026
San Isidro, memoria y sala
Carta del editor
La familia española se desmilitarizó y se ancló en los afectos y los valores compartidos.

Hoy viernes 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias, como viene haciéndose cada año desde que la ONU lo fijó en el calendario en 1993. El objetivo es concienciar sobre el papel fundamental de las familias en la educación, la crianza, el bienestar social y la salud. Se ensalza el núcleo familiar como columna vertebral de casi todo lo que importa o, al menos, de lo más importante.

Si hay algo que ha evolucionado en España es el concepto de familia. Durante 40 años de dictadura, el gobierno de Franco (unidad Iglesia-Estado, el nacionalcatolicismo, la reserva espiritual de occidente, la cruzada española y todas esas gilipolleces medievales que tanto gustaban a los meapilas fascistas del régimen) estableció por decreto la idea del modelo tradicional, híperpatriarcal, religioso y univoco. No cabían interpretaciones ni disensos. Abro paréntesis: ya en los años 50, el franquismo no solo penalizaba s los gais, es que directamente los torturaba. En las Islas Canarias, en Fuerteventura, llegó a haber un campo de concentración entre 1954 y 1966. Allí condenaban a los gais canarios tras medir su “dilatación esfínteriana” y se les condenaba por la Ley de vagos y maleantes como “invertidos”. Se les condenaba a picar piedra, les daban comida en mal estado, les propinaban palizas y dormían en el suelo. De vez en cuando conviene echar la vista atrás para sorprendernos de cómo hemos cambiado como país y para sorprendernos doblemente de cómo algunos partidos y asociaciones promueven la vuelta a un sistema que tenía en sus entrañas los genes más negros.

En el modelo de familia española actual predomina hoy la pluralidad: monoparentales, reconstituidas, familias sin hijos, numerosas y cualquier modelo posible. Sin excepciones. Una sociedad en la que la mujer se ha incorporado al trabajo, en la que existe el divorcio, el derecho al aborto y profundos cambios socioculturales que han cincelado una nueva España.

La familia española se desmilitarizó y se ancló en los afectos y los valores compartidos. Si vemos dónde estábamos hace solo 70 años, cobra aún más importancia y reconocimiento el salto de la sociedad española en su conjunto. Bienvenido el día Internacional de las familias. De todas.

Que tengan un fin de semana como ameritan.

A.H.R.

San Isidro, que ya no labra

Madrid, tradición popular y una fiesta que sigue mutando sin dejar de reconocerse.
Carteles históricos de las fiestas de San Isidro
San Isidro también se cuenta a través de sus carteles: una iconografía popular que cambia con la ciudad.

Otro hito del 15 de mayo, San Isidro. Lo suyo hubiera sido que algún gat@ de TH se hubiera marcado una columna hablando del santo, de sus fiestas y de su significado antropológico, festivo y lo que quieran, una celebración que se remonta a 900 años atrás. Pero creo que gatos-gatos hay pocos en TH. Sn una especie rara. Y es lo que más me gusta de Madrid: pocos son de Madrid pero nadie es de fuera. Eso es chulo. En las ciudades medias y pequeñas eso no ocurre. Allí casi todos somos de la tierra. Este punto universal y cosmopolita de Madrid convive con su férrea tradición de chulapos, gallinejas (el guiso de los intestinos delgados y entresijos (mesenterio) de cordero lechal, fritos en su propia grasa hasta quedar crujientes).

Pradera de San Isidro
La pradera: familias, chulapos y liturgia civil de mayo.

Como nadie lo ha hecho, recurro a Time Out, que recomienda algo así como los 7 mandamientos de SI. Cosas que debes hacer al menos una vez en la vida. La recopilación es de Llorenç Juliá Ruiz, quien además ha recopilado, abajo, los mejores planes para estos días.

1
Beber agua milagrosa de la ermita. Cada 15 de mayo, la cuesta que lleva a la ermita del Santo se llena de familias, jóvenes, abuelos e incluso chulapos y chulapas. Todos los que suben tienen un objetivo, beber del manantial de la ermita del santo. Los aguadores te servirán en vasos, garrafas e incluso cubos un agua que, cuenta la leyenda, es milagrosa y cura todos los males, de cuerpo y espíritu.
2
Vestirse de chulapo/a. La vestimenta tradicional de las fiestas de San Isidro fue, en su día, una manera de diferenciarse de las élites sociales francesas. Además de chulapos, podíamos encontrar a los Manolos, los Isidros o las Majas. Los chulapos vivían en el barrio de Malasaña, que cada año se llena de gente vestida con estas ropas tradicionales. Los hombres con pantalón oscuro, gorra, camisa blanca y un chaleco acompañado de un clavel y las chulapas con un vestido de lunares, de mangas de farol y el pelo recogido en un pañuelo, donde se asoman dos claveles.
3
Probar las rosquillas tontas y listas. Elaboradas por la famosa Tía Javiera, estas rosquillas no llevaban azúcar en la masa, si no que se cocinaban con aguardiente y se empapaban con jarabe, para secarlas en la guita. Podéis probar cuatro tipos de rosquillas, las tontas, que no llevan glaseado; las listas, famosas por su tono amarillo al estar cubiertas de azúcar y limón; las de Santa Clara, cubiertas de merengue seco blanco; y las francesas, con almendra picada y azúcar. Un plan genial es degustar estos dulces mientras descansáis en la Pradera.
4
Montar en las atracciones de la feria. La Pradera de San Isidro está abarrotada de casetas y barracas para que paséis un buen rato en familia. Podréis encontrar atracciones habituales como la feria, que cierran a las 00 h de domingo a jueves y a las 2 h los viernes y sábados.
5
Probar los entresijos de los puestos de la Pradera. San Isidro no son solo dulces. También podréis disfrutar de los tradicionales entresijos y gallinejas. Estos platos, que originalmente eran de gallina, aunque actualmente sean de cordero, son ricas frituras que podéis comer como bocadillo o como plato mientras paseáis entre chulapos y puestos de limonada.
6
Quedarse hasta la medianoche en los conciertos de las Vistillas. Los Jardines de las Vistillas se convierten en otro de los puntos clave en las celebraciones. Los conciertos y actuaciones se suceden hasta la misma noche del día 15, así que prepárate y disfruta de un festival de música para todos los gustos.
7
Bailar un chotis. No necesitáis más de una baldosa para bailarlo. Con una pareja podréis disfrutar de música castiza al son de un organillo. La mujer, con su mantón de Manila, gira alrededor del hombre, con su parpusa, y que debe mantenerse en su propio eje. Todo un arte.

NO TE LO PIERDAS: Los mejores planes para San Isidro.

A.H.R.

Serrat envejece

Una reflexión sobre la vejez que suena como una canción lenta y bien afinada.

Joan Manuel Serrat es una debilidad para muchos de mi generación. Lo es por sus canciones, su música y sus mensajes. Pero lo es sobre todo por su coherencia. Desde aquella negativa a ir a Eurovisión en 1968 por no poder cantar en catalán hasta ser llamado traidor por los indepes más hiperventilados durante el proceso del referéndum. Ha grabado un vídeo con reflexiones sobre la vejez que es como si escucharas una canción maravillosa de cuatro minutos, un alegato justo, sensible e inteligente.

Woody Allen decía: “Me interesa el futuro porque es donde voy a pasar la mayor parte de mi vida”. Puede ser que los que nos acercamos ya a esos andurriales empezamos a tener una hipersensibilidad con estos temas. Pero aquí va una noticia para los que sois rabiosamente jóvenes: todos vamos a llegar. Y esa opción, por cierto, es la mejor posible.

A.H.R. (Serratiano)
Serrat sobre la vejez · YouTube
The Aristocrats en el Teatro Eslava

The Aristocrats en Eslava

Rodrigo Zamarrón vuelve al conservatorio, a Guthrie Govan y a una alegría bastante ruidosa.

The Aristocrats, en el Teatro Eslava, Madrid (12.05.2026)

Allá por el 2010, todos los días después de clases, iba por las tardes a estudiar jazz al conservatorio. Cómo son las cosas que, de no haber sido por mi obsesión por la guitarra, habría terminado pasando las tardes entrenando para mi posición de receptor en el equipo de fútbol americano.

Una tarde, nuestro profesor de instrumento, Larry, empezó la clase enseñándonos un vídeo en el móvil de un guitarrista que hacía demos de improvisaciones sobre backing tracks de Jam Track, un famoso canal de YouTube. “Así se improvisa”, nos decía. Ese guitarrista era un tal Guthrie Govan, uno de los guitarristas de jazz fusion más virtuosos de la actualidad (tan así que el propio Hans Zimmer, legendario compositor de cine, lo fichó para la más reciente gira de su live band).

El virtuosismo de este fenómeno de la guitarra lo llevó a formar The Aristocrats, junto con Marco Minnemann (batería) y Bryan Beller (bajo), dos grandes que ya he tenido el placer de ver, en más de una ocasión, de gira con el único e inigualable Joe Satriani. Pero hoy, 16 años después, por fin puedo decir que he visto Govan en directo, a tan sólo unos metros de distancia (si haces zoom en la portada me verás en la esquina inferior derecha, feliz cual perdiz).

¿Lo más sorprendente? Ver a estas leyendas de la música contemporánea sólo cuesta 35 € más la consumición ;-)

Aquí un clip: The Aristocrats "Bad Asteroid"

Rodrigo Zamarrón (brillante cronista)
The Aristocrats · “Bad Asteroid” · YouTube

Memoria a dos voces

Carreteras venezolanas, el Atrato, HBO y una amistad masculina rara vez contada así.
Río Atrato en Colombia
Oriana González
Meacuerdos

Me acuerdo de los viajes en coche a la casa de mis abuelos. De Caracas a Puerto La Cruz (pasando por La Medianía, en donde se comen las mejores cachapas del mundo), y de allí en ferry a la Isla de Margarita. Siempre sonaba un disco quemaíto con canciones de Bee Gees que parecían no terminar nunca.

Me acuerdo de la primera vez que viajé fuera de Venezuela. Mis primos me recibieron en el aeropuerto de Miami. Tenía unos 14 años y antes de salir a la calle escondí mi teléfono en algún lugar recóndito del cuerpo. Pura costumbre. “Aquí no tienes que hacer eso” me dijeron.

Me acuerdo del Río Atrato en Colombia, bajo un cielo permanentemente gris y una humedad de muerte. De un lado, una comunidad afrodescendiente; del otro lado, ranchos de familias indígenas. Viven en una pobreza que te traspasa, aunque los ríos que tienen en frente conectan el Caribe y el Pacífico. Podrían ser el gran canal entre los dos mares, pero ni a Petro ni a sus predecesores les ha interesado lograrlo.

Cartel de DTF St. Louis
Iván Abanades
Dos hombres a la intemperie

Terminé DTF St. Louis (HBO) con esa sensación rara de no saber del todo qué acababa de ver. Y lo digo como el mayor elogio que se me ocurre.

Sobre el papel es una serie sobre tres adultos de mediana edad aburridos de sus vidas que termina con un cadáver. No es una comedia, aunque te ríes. No es un procedimental, aunque hay dos detectives y una investigación. No es un thriller, aunque la tensión no afloja nunca. Conrad ha tenido que inventarse un género propio, y tardas un par de episodios en entender por qué: porque lo que quería contar no cabía en ninguno de los de siempre.

Lo que de verdad sostiene la serie es la relación entre Clark y Floyd. Dos hombres en mitad de la crisis de la mediana edad —los matrimonios sin conversación, el deseo que no sabe dónde ponerse, esa sensación de que la vida ya se decidió sin consultarte— que se sostienen el uno en el otro con una intimidad que el cine y la televisión casi nunca se atreven a mostrar entre hombres adultos. Una amistad sin armadura. Desnuda hasta dar un poco de vergüenza ajena, y por eso mismo conmovedora. Jason Bateman lo borda precisamente porque coge su registro de siempre —esa simpatía algo viscosa— y le quita el suelo: lo deja frágil, expuesto, necesitado. David Harbour le sostiene el pulso desde el otro lado.

Hay algo casi cruel en cómo la serie te hace acompañar a estos dos hacia el desastre sabiendo, desde el primer minuto, que uno de ellos no llega al final. La amistad y la sentencia van de la mano todo el rato. Y aun así Conrad no los juzga: mira la deriva, la búsqueda algo patética de excitación, la torpeza con la que dos adultos intentan sentirse vivos, y en lugar de despreciarla la observa con una atención que se parece bastante a la piedad.

Por eso el género tuvo que inventarse. Porque una amistad así, contada en serio, no es comedia ni thriller ni caso policial. Es otra cosa. Y pocas series recientes me han dejado con tantas ganas de comentarla con alguien.

Hot pot de Sichuan

Hot pot para escépticos

Oriana se atreve con todo, incluso con pagar por cocinar.

Como persona a la que no le gusta cocinar, eso de pagar para igual tener que cocinar la comida me parece un concepto de lo más extraño… pero como hay que hacer de todo en la vida, me atreví y fui por primera vez a un Hot Pot hace unas semanas. Increíble, aunque cuidado con el picante. Fui al Hot Pot de Sichuan en la Calle de Trujillos, 7. Me lo recomendó mi amiga china de confianza y yo se los recomiendo a ustedes.

Oriana González (que se atreve con todo)

Cuando eres invisible para el camarero

La sala reclama prestigio, orgullo de oficio y escucha activa. El cliente, mientras tanto, solo pide ser visto.

¿Alguna vez te has sentido invisible en un bar? ¿alguna vez has vivido la inenarrable experiencia de sentirse transparente para una camarero que ha pasado por delante tuya como si no existiera? Bienvenido al club. Te invito a seguir leyendo.

Cuando eres invisible para el camarero

El servicio de Sala reclama el reconocimiento a su rol en la hostelería, apuestan por vivir con pasión el oficio y reclaman “escucha activa” al cliente frente al desfasado perfil de camarero con ceguera profesional.

Los bares son templos del placer y el pacer. Pero tienen sus rincones oscuros. No todo es luz ni todo el tiempo. He visto cosas que no creeríais, mucho peor que las naves ardiendo en Orión. Pero si hay un momento de zozobra en un bar es cuando confirmas que eres invisible para el camarero. Es ese punto crítico y angustioso en el que el profesional ha pasado junto a ti mirando al frente, impertérrito a tus requerimientos. Como hasta ese momento aún eres bienpensante, todavía contemplas la posibilidad de que el camarero realmente no te haya visto, aunque te parezca imposible dada tu expresividad y el hecho de que tus avisos gestuales se produjeron, claramente, dentro de su campo visual. Pero vaya, puede ser un expediente X, paranormalidades de la vida cotidiana en los bares de España. También piensas que el hombre debe andar muy liado y concentrado en algún menester urgente. No pasa nada. Esperas un tiempo prudencial pero nadie acude a tu mesa. En efecto, nadie te ha visto. En realidad, estás sentado en una mesa del rango del camarero que, accidentalmente, no te vio. Le toca a él atenderte. Sobre eso no hay dudas. Así que pasados unos minutos y aprovechando que vuelve a pasar junto a ti camino de otra mesa vuelves a hacerle señales. Y vuelve a no verte. Ummm.

Segundo intento

La cosa se agrava. Empiezas a sospechar que no es un problema de visión ni de concentración, ni siquiera de atención, en todo caso sería de desatención. Parece un problema de voluntad altanera. Ya, en ese punto crítico, sería más atribuible a la santa voluntad del profesional, que ha decidido no verte, transparentarte, invisibilizarte, que a fenómenos extraños. Y lo que es peor, parece una actitud deliberada. Haces un tercer intento, en un plazo de tiempo ya menor porque la actitud del mesero ha ido mermando en ti la confianza y ha empezado a exasperarte. Por lo tanto recortas el intervalo de espera. Al tercer renuncio, cuando vuelves a no ser visto, llega la confirmación de todo lo malo que has imaginado. Ese instante te confirma que has alcanzado la invisibilidad, que es el estadio más crítico y desapacible para un cliente que solo aspira a que le den las buenas tardes, que le coloquen unas aceitunas, aunque sea al voleo, que le echen las cartas en la mesa (aunque sean las del tarot) y le digan un sencillo pero eficaz: “Enseguida estoy con usted”.

Cuando aguardas a ser atendido en un bar o restaurante el mero compromiso del camarero de estar contigo en breve es un bálsamo que todo lo cura. Es el valor de la atención, el peso de la palabra dada. Es un gesto civilizatorio. Te sientes bien, confortable, el reloj se para. Las nubes se levantan y los pájaros cantan. Te sientes flex. Sabes que estás en el lugar correcto de la historia, como se dice ahora. Una sonrisa, ¡ay, una sonrisa¡, es ya la promesa de una vida mejor. Pero, de entrada, con un mínimo compromiso verbal no necesitas más. Con ese gesto austero pero amable se contiene a un ejército de húsares hambrientos. Es, a la vez, un ejercicio de gestión profesional eficaz, una exhibición de inteligencia emocional y un calmante para la ansiedad. Lo contrario, el camarero que a la tercera vez sigue sin verte, es el detonante de una experiencia que ya no hay forma de enmendarla, es una explicación a por qué el negocio va como va y es la promesa, silente pero inamovible, de que jamás regresarás a este establecimiento. Lo más probable es que te levantes y te marches. Y si eres adicto a esa enfermedad social de las reseñas destructivas seguramente te despacharás con una carga doble de bilis, la habitual y la justificada. Y de la propina ni hablamos. Pero, oigan, los camareros sordos y ciegos son los menos. Conste.

Empatía bilateral

Es posible que el camarero que no te ve, o que no te quiere ver, esté en llamas, burning total. Es posible que eche más horas que un reloj, que le paguen una parte o todo en negro o que cobre por debajo de convenio, cabe la posibilidad de que el jefe sea inaguantable o todo a la vez. Incluso cabe otra línea de explicaciones más personales que profesionales: problemas familiares, económicos, crisis matrimonial. Ítem más: seguramente han inoculado una resistencia al trato por culpa de algunos clientes groseros – que los hay a manojitos- que chasquean los dedos para llamarlo o se comportan como vaqueros de Oklahoma en la fiesta de la cerveza. El “gracias” y el “por favor” deberían ser cortesías obligadas al entrar en un establecimiento. Cualquiera sabe. El cliente no siempre tiene la razón. Pero los camareros, tampoco. Sin empatía no avanzaremos. Pero tú estabas esperando en tu mesa y también esperabas una mínima empatía profesional del camarero contigo.

La hostelería española ha sido cuna de enormes profesionales, tan relevantes y trascendentales como un buen cocinero pero escasamente reconocidos. Los cocineros saltaron antes al estrellato. A los buenos jefes de sala y los camareros más notables los reconocían los clientes, pero no tenían proyección externa. En cambio, siempre son las piezas del engranaje que hace que la máquina gire o se gripe. Justa y necesaria es la reivindicación contemporánea de los profesionales de sala. Pero la hostelería también ha sido históricamente un lugar de paso para desempleados que, sin más interés por formarse o actuar profesionalmente, aspiraban a unos ingresos mínimos a la espera de poder saltar a otro oficio. Ha sido, igualmente, refugio de cualquiera que, con dos manos, ha pensado que llevar una bandeja sin que se caiga el vermú equivale a ser camarero.

Orgullo de profesión

Los tiempos han ido cambiando, afortunadamente, pero aun podemos ver a ese camarero que te invisibiliza, te ignora y convierte tu buen rato en familia o con amigos en un dolor de muelas. Aunque la primera víctima no eres tú. Es el propietario del local, que perdiendo clientes por docenas. El asunto es que la hostelería española se ha convertido en un sector de demanda y no de oferta. Se buscan más empleados de los disponibles. Y no hay gente suficiente que quiera entregarse en cuerpo y alma a una profesión sin duda difícil y sacrificada. “la hostelería está sufriendo y debemos ponerle remedio cuanto antes. Es tan serio el problema que creo que deberían las instituciones crear un comité técnico de enfoque para los próximos 10 años, totalmente apolíticos y muy técnicos , con un plan de acción para poder volver a ilusionar, motivar, potenciar el sector servicios, motor de este país como se ha demostrado, aunque algunos políticos se empeñaran en cambiar las tornas del juego y decidir que el modelo no era el correcto, a las pruebas me remito, sigue o no siendo España un sitio de destino y de interés Mundial ?”, sostiene en su blog Abel Valverde, jefe de sala en Desde 1911, autor de La sala tiene la palabra. Manifiesto (Planeta Gastro) y uno de los maîtres más reconocidos de nuestro país.

El manifiesto del I Summit de la sala de España, celebrado en 2024, ya revindicaba puntos estratégicos como honrar la profesión, “fomentar el orgullo de ser camarero viviendo el oficio con pasión y creando referentes que motiven a nuevas generaciones”. Una de sus ideas fuerzas -la mejora continua- se estructura en tres infinitivos: observar, inspirar, corregir, a la vez que se pide una gestión emocional de los equipos, conciliación laboral, divulgación y visibilidad del trabajo de la sala, impulsar la paridad y escucha activa al cliente. Sin duda saben lo que dicen. Escucha activa. Ellos son los primeros interesados en el prestigio de la profesión, erradicando a los camareros con problemas de ceguera. Es un alivio saber que lo saben.

A.H.R. (requeteinvisibilizado)

El tío que tiraba fotos

Arturo Pérez-Reverte, reportero con Nikon al hombro, antes del académico, el polemista y el novelista total.
Arturo Pérez-Reverte joven con cámara Fotografía de guerra de Arturo Pérez-Reverte

Pérez reverte, Arturo, 75 tacos, hoy sobrevenido en escritor, académico y vivaz polemista, tiene un pasado. Durante años fue corresponsal de guerra. Su libro Territorio Comanche, una suerte de memorias de un reportero en el frente, fue su primer hallazgo literario.

PHotoEspaña está exponiendo las fotografías que hizo con su Nikon durante los años de reportero. No era fotoperiodista, solo era un periodista que, cámara al hombro, retrataba cuanto veía. “Yo nunca he pretendido ser fotógrafo. Solo era un tío que tiraba fotos”, le dice a Moeh Atitar en El País. La exposición ―Fotografías de guerra 1974-1985, se puede visitar hasta el 30 de mayo en el Ateneo de Madrid― y se expone a la vez que se lanza la publicación Enviado Especial, una biografía de guerra (Alfaguara) que recopila una selección de crónicas, reportajes y columnas. En su primer libro de guerra, hace ya tres décadas, además de relatar las dificultades de un reportero en conflicto también ajustó cuentas con compañeros de profesión, lo que se intuyó tempranamente como una capacidad especial para la pendencia literaria y la captación del interés del gran público.

A.H.R. (Cero guerras)
XXIX
Postdata

Seguimos buscando colaboraciones.

Pensaba en el célebre —y posiblemente apócrifo— anuncio de Shackleton en The Times buscando a los expedicionarios que lo acompañaran al círculo polar Ártico. Muy dramático, ¿no? Seguro que no tenemos que llegar a tanto para estimular sus colaboraciones.

Si alguien ha enviado alguna pieza y está sin publicar, que me lo recuerde en mi mail por favor: se ha podido quedar perdida en el éter. Disculpas anticipadas.

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